“El Llamado”
J. Javier Ramos

Técnica: Campanario de 3 caras y 2,2 metros de alto, armado con piezas carbonizadas de madera de Paulonia y coronado por un megáfono modificado y retro iluminado.
Año: 2018.

Uno de los dispositivos creados para hacer explícito el manejo del tiempo, hace milenios, fue la campana. Esta, terminó por llegar a las montañas y valles de la tierra muisca (Cundinamarca y Boyacá) a través de la Corona española y de la religión católica que utilizó campanas para ejercer un control social hacia los horarios de los oficios religiosos.

En la época en que las órdenes religiosas españolas ocuparon varios rincones de América, acudir a misa a un llamado proveniente de estas campanas no era algo opcional; así, la campana y su caparazón, el campanario, han sido por siglos sitios de confluencia obligada alrededor de actividades ritualizadas e impuestas. Su sonido no es un llamado esporádico y sorprendente, sino algo regulado y mecánico.

Hoy, necesitamos volver a convocar y atraer a través de un llamado que ponga sobre la mesa la inminente destrucción de pueblos, paisajes y modos de vida en Boyacá que, con una excusa efímera y extractiva de petróleo o carbón, terminarán arrasando con lugares donde alguna vez sonaron las campanas.

El llamado, busca la ritualización sobre objetivos comunes que pueden sincronizar actividades plurales no necesariamente basadas en el control y la regencia sobre el otro.

Este campanario de carbón, contiene registros de sonido directo de 10 campanarios diferentes realizados en pueblos de Boyacá durante un proceso investigativo e interdisciplinario que buscó fijar varios aspectos de su paisaje cultura antes de que este desaparezca o se transforme para siempre.

El Llamado

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